Crítica marxista-leninista de Acción Antirrevisionista al revisionismo cubano castro-guevarista.
En fechas recientes, el colectivo Acción Antirrevisionista realizó un viaje de diecisiete días a la República de Cuba, con el objetivo de participar en las actividades políticas en torno al Primer de Mayo y así conocer a fondo uno de los objetos de nuestro estudio, a saber, los países y gobiernos que se autoproclaman falsamente socialistas, entre los que en la actualidad se encuentran, además de la isla caribeña, Vietnam, China, Laos y la República Popular Democrática de Corea.
Con toda la información y retroalimentación recabada tras este viaje, se presenta aquí una crítica muy puntual sobre las deviaciones y los sinsentidos que fuimos capaces de presenciar y corroborar cometidos por el Partido Comunista de Cuba y la puesta en práctica de sus políticas.
Queriéndonos diferenciar de los traidores y liquidacionistas trotskistas, dejamos claro que nuestra crítica no pretende hacer el trabajo sucio de las agencias de inteligencia del imperialismo estadounidense como el trotskismo o el titoismo suelen hacerlo, ni mucho menos ser complaciente con este, por lo que de antemano denunciamos como inhumano, criminal y gangsteril el bloqueo comercial que el imperio norteamericano, en el extremo de su perversión, impone a la isla, aún si en ella se ha enraizado por décadas un gobierno supuestamente comunista que ha cometido las más garrafales y cínicas deviaciones y tergiversaciones del marxismo-leninismo, de las cuales, el colectivo Acción Antirrevisionista (MELSHD), gracias a esta reciente experiencia, puede dar cuenta puntualmente.
Cuando la clase deviene en nación.
La especificidad de los términos y categorías nos puede decir mucho del verdadero ideario de un supuesto comunista a la hora de interactuar con este o escucharlo hablar. El léxico de un marxista no es inocente y mucho menos debe ser ambiguo. En Cuba, entre las masas de la Habana y entre los funcionarios de los Comités de Defensa de la Revolución, el término de clase obrera o incluso trabajadores brilla por su ausencia.
No es común que, en el ideario colectivo que delata el léxico, habitantes o funcionarios tengan en mente a la clase obrera internacional ni mucho menos se expliquen su realidad en base a este término, en cambio, ha sido reemplazado del todo por las palabras pueblo, país o nación. Dichos términos no son de suyo ilegítimos o inexistentes, sin embargo, no son la materia idónea con la que el marxista-leninista se explica la realidad ni con la que pretende abolir las relaciones desiguales y de explotación ni con la que pretende erigir las diversas tareas del movimiento comunista.
Es legítimo el sentimiento de arraigo a una nación, ya el camarada Stalin supo asertivamente la importancia de darles a las naciones su lugar en la historia, mas no por ello ha de sustituírsele al sujeto histórico y al sujeto revolucionario por un término que no evoca la totalidad del grupo al que los comunistas marxistas-leninistas nos debemos y que acusa una evidente deriva a un simple nacionalismo, abnegado, sí, fervoroso quizá; pero barato y típicamente burgués. Un nacionalismo que hace a un lado sin ningún problema, para mayor gloria de la nación capitalista “el arma probada del internacionalismo, la unidad y la indivisibilidad de la lucha de clases”. (I. Stalin, El marxismo y la cuestión nacional, cap.1).
Si es que acaso la revolución cubana fue alguna vez socialista, parece que su revolución no resistió el embate imperialista sin traficar con el sujeto histórico, con el objeto a emancipar del que el marxismo es guía, y con los principios del marxismo-leninismo, indiscutibles e insustituibles hasta no abolir la sociedad de clases.
En el léxico del típico funcionario cubano brillan por su ausencia los términos lucha de clases, clase obrera, dictadura del proletariado, socialismo científico, marxismo-leninismo. En cambio términos como patriota, martiano o fidelista, son los preferidos de la burocracia cubana para definir su línea política.
Exigir, de ser necesario, por las armas, la soberanía y su derecho de autodeterminación son reclamos plenamente legítimos, no sólo de la nación cubana, de cualquier nación, sin embargo, ha de acusarse con firmeza: Cuba, bajo el Partido Comunista de Cuba, como país presuntamente socialista, no hace más que formar parte de una cadena internacional de partidos revisionistas solapados entre sí.
Claras y profundas desigualdades.
El colectivo Acción Antirrevisionista también fue capaz de presenciar, no en situaciones aisladas sino como una realidad omnipresente, un profundo umbral de desigualdad socioeconómica, en donde, como bien se acusa en otras instancias, hay zonas, tanto en La Habana como en la provincia de Matanzas, en las que las desigualdades son cínicas e inocultables; automóviles caros en la zona hotelera de la Habana, complejos hoteleros en pleno y abundante funcionamiento para los extranjeros, platillos cuyo precio redobla el salario diario del cubano promedio mientras la medicina escasea para los habitantes de la Habana Vieja son hechos que cuestionan el carácter presuntamente socialista del país.
No descargamos responsabilidad del bloqueo imperialista estadounidense respecto al la adversa situación que se encuentra atravesando el pueblo cubano, sin embargo, denunciamos que, aún dentro de esta adversa situación que atenta severamente con los derechos humanos de la mayoría de los habitantes de la isla, es notorio que, siendo un país supuestamente socialista, no todos los cubanos están atravesando el ojo del huracán en el mismo barco. Pudiendo administrar los recursos de manera menos desigual, sigue existiendo una minoría que detenta el privilegio y se congregan en torno a lugares específicos, los dirigentes del partido llaman a las masas al movimiento nacional en nombre de la patria burguesa pero el trabajador cubano promedio sigue ganando dos mil pesos cubanos por día de trabajo, (aproximadamente cuatro dólares) mientras, simultáneamente, siguen operativos los bares cocteleros más caros, a los que, bien pudimos apreciar, asisten los adinerados del país, hombres en autos caros y portando joyería lujosa. ¿Qué clase de socialismo es ese que permite un nivel tan elevado de desigualdad durante una situación tan crítica y adversa como un asedio imperialista?
Culto a la personalidad.
Aunque se presume que Fidel Castro Ruz prohibiera por decreto el culto a su personalidad, este existe. Tanto a Fidel Castro como a José Martí se les atribuyen cualidades no menos que sobrehumanas junto a una cantidad de agencia que en la realidad y en el caudal de los hechos sus acciones no tuvieron. Claro, como nación se tiene el derecho a reivindicar a las figuras redentoras que representen, para las clases populares, figuras de dignidad, sin embargo, el culto a Castro y en especial , el culto a Martí, (quienes, objetivamente, no fueron figuras proletarias ni marxistas), redunda en una creencia supersticiosa y antimarxista junto con la extrema mitificación del guerrillerismo foquista castro-guevarista del que se dice falazmente, (según escuchamos de los propios funcionarios) “destruyó” la doctrina militar insurreccional marxista-leninista.
A esta doctrina militar (el guerrillerismo foquista) basada en el voluntarismo también le atribuyen la capacidad de resistir la siempre tentativa invasión estadounidense, y más aún, vencerla. La realidad, aunque cruda, es que la moral por sí sola no frena un desembarco, y ese fervor patriótico en que el cubano se baña al hablar de la defensa armada de la Patria, aunque admirable en su osadía y abnegación, no equiparará la inmensa superioridad militar del imperio norteamericano, sin embargo, si Cuba fuese realmente socialista y su partido verdaderamente de corte marxista-leninista habría tejido y habría sabido evocar el internacionalismo proletario de los trabajadores norteamericanos, arma de la que sí habrían podido valerse en momentos tan críticos como los que se enfrentan ahora, más no es posible dado que no existe un solo atisbo de línea proletaria en los dirigentes del PCC y por tanto ningún atisbo de internacionalismo proletario en su línea política.
En cuanto al culto a las personalidades de sus líderes resulta nocivo para el movimiento comunista, no sólo por confundir a las masas y disgregar su atención y su fuerza moral en la fe por disímbolas figuras y doctrinas inconexas entre sí, sino también por alimentar la reivindicación de figuras no proletarias y no internacionalistas, proponiendo como válidos métodos antimarxistas que, como en Cuba, nunca terminan de construir el socialismo, porque nunca se lo propusieron en primer lugar.
El grado de socialización de los medios de producción.
Si acaso existe alguna medida tangible para medir el avance de una nación en su tarea de construir el socialismo, esta es, entre otras, el grado de socialización de los medios de producción, la medida en que los trabajadores pueden disponer de ellos y los administran en relación al interés de la clase obrera. Sabemos que dicho grado de socialización también depende de la fase de construcción del socialismo en que determinado país se encuentre y de las coyunturas específicas que a este se le presenten, sin embargo, en Cuba, (es consabido y dicho por los propios funcionaros), este proceso, si alguna vez existió, se ha revertido. Las empresas una vez expropiadas, no sólo nunca pasaron a manos de los trabajadores para su expedita administración, sino que han virado a ser abiertamente mixtas (admitido por el propio gobierno cubano), llevando a la burguesía cubana (antes camuflada decorosamente entre las filas de la burocracia estatal) a desenmascararse por completo, tomando control privado de parte de las empresas y creando un sector de la burguesía, por así decirlo, descaradamente extra-estatal. Esta condición de la economía cubana produce que, de todas formas, la suma del esfuerzo obrero del país vaya tomen cause a manos privadas.
Es menester decir que la revolución cubana, dentro de su capacidad, ha alcanzado logros notables que serían, además, demandas perfectamente legítimas de la clase obrera en cualquier país; escuelas públicas especializadas para personas con discapacidad, un potente sistema de salud, una educación superior de notable calidad. Mas dichos logros, son de hecho y bajo las condiciones idóneas, realizables en cualquier democracia burguesa, no trascienden el marco reformista que el capitalismo puede permitirse plácidamente sin ver periclitar el statu quo vigente de las relaciones de producción. Los países nórdicos también poseen logros similares y eso no los vuelve socialistas.
Sabemos que Cuba se encuentra en una coyuntura de asedio y amenaza imperialista, y el pueblo cubano debe, ante dicha amenaza, exigir su soberanía a través de cualquier medio necesario, incluyendo las armas, mas ello no convierte la lucha contra esta amenaza en la realización ni la puesta en práctica del programa de la clase obrera en cuba, es decir, la lucha nacional no torna mágicamente en la lucha de los trabajadores como clase en sí y para sí.
El camarada Stalin viene a darnos, nuevamente, una síntesis que explica de manera exacta y sucinta la coyuntura imperialista en la que Cuba de encuentra, que no es un país que haya construido el socialismo ni con un gobierno verdaderamente comunista, por tanto, su lucha actual, por desesperada que sea la situación para el pueblo cubano, no procura, ulteriormente, los intereses del proletariado ni nacional ni internacional, sino que “la lucha es, en rigor, no entre las naciones en su conjunto, sino entre las clases dominantes de las naciones dominadoras y de las naciones dominadas. La lucha la libran, la pequeña burguesía de la nación dominada contra la gran burguesía de la nación dominadora (…)“El proletariado consciente tiene su propia bandera ya probada y no necesita marchar bajo la bandera de la burguesía”. (I.Stalin, El marxismo y la cuestión nacional, cap.2).
Sin mencionar la injerencia, también puramente imperialista y neocolonial, de China y la Federación Rusa, que han establecido con Cuba una franca relación utilitaria de subordinación en función de su pugna interimperialista con Occidente, volviendo a la isla una complaciente escala marítima para la proyección de los intereses de las mega oligarquías rusas y chinas.
La patria, sí, se defiende, mas la patria obrera, no la patria burguesa.
El colectivo Acción Antirrevisionista, siguiendo la línea proletaria que le caracteriza, se posiciona firmemente en contra de la intervención imperialista norteamericana en la hermana nación de Cuba, mas nunca dejará de posicionarse con la misma firmeza, en contra del degenerado gobierno revisionista, autoproclamado marxista, de los liberales Castro y Díaz Canel.
Por las razones expuestas: no queremos para el pueblo cubano capitalismo, ni que sean una colonia ni neocolonia de las potencias rusa, china, norteamericana o ninguna otra. No queremos a los Castro ni a los Díaz Canel, pues de sobra está demostrado su papel como revisionistas, saboteadores y burócratas perezosos. Queremos en Cuba socialismo científico MARXISTA-ENGELSISTA-LENINISTA-STALINISTA-DIMITROVISTA-HOXHISTA.
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