Pronunciamiento de Acción Antirrevisionista en torno al 87 aniversario de la Expropiación Petrolera.

 



Esta efeméride infla el pecho a cualquier burgués mexicano (Carlos Slim, Emilio Azcárraga Jean, Ricardo Salinas Pliego, Alberto Bailleres, Germán Larrea, etc.) y a sus lacayos, no importa si son derechistas (los Salinas de Gortari, los Zedillo, los Peña Nieto, etc.) o izquierdistas (los Napoleón Gómez Urrutia, las Nestora Salgado, los Manuel Vazquez Arellano, los Vidulfo Rosales Sierra, los Felipe de la Cruz, los difuntos Raúl Mireles y Rosario Ibarra Piedra, etc.), fascistas-nazistas (los Vicente Fox, los Felipe Calderón, etc.) o socialdemócratas-reformistas (los Cuauhtémoc Cárdenas, los Andrés Manuel López Obrador, etc.), liberales (neojuaristas) o conservadoras (neoporfiristas), lo mismo podemos decir de las agrupaciones pequeñoburguesas como la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM, que agrupa a las Normales Rurales de todo el país), la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, el Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana, el Sindicato Mexicano de Electricistas, entre otras organizaciones sociales que critican de palabra el charrismo sindical y el corporativismo de la Confederación de Trabajadores de México, la Confederación Nacional Campesina, la Confederación Nacional de Organizaciones Populares y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, cuando en la vía de los hechos han engendrado oportunistas de la peor calaña como Héctor Torres Solano, Reyes Ramos Guerrero, Walter Añorve, Bruno Plácido, Arturo Miranda, Apolinar Segueda Dorantes, y otros sujetos nefastos que ni siquiera da gusto mencionarlos.


El punto de todo esto es que se idealiza de manera caudillista y acrítica el papel que desempeñó Lázaro Cárdenas del Río, cuyo presidente fue el artífice de este acontecimiento en aquel 18 de marzo de 1938, lo cual no fue una acción de corte filantrópico y mucho menos por amor al prójimo, simple y sencillamente en ese escenario se requería por parte de los capitalistas criollos (entiéndase como oligarcas nacionales) implementar medidas que evitasen a toda costa la radicalización del proletariado y otros sectores no proletarios (semiproletariado, campesinado pobre, etc.), lo cual en algunos momentos se asumió la represión del Estado por medio del ejército, la policía, las centrales sindicales propatronales, las cárceles, todo para salvaguardar la propiedad privada de los medios de producción, porque justamente esta expropiación petrolera no significó que la industria petroquímica así como todas las ramas de la economía pasaran al control obrero, al contrario, fue una medida desesperada para que la oligarquía financiera fuese salvada por el Estado de tal modo que no fueran a la bancarrota o si nunca llegaron a ese punto hicieran creer que pasaron por esa situación para acaparar fondos públicos, más considerando que se requerían medidas asistencialistas de corte keynesianista y kaleckista que proponían el Capitalismo Monopolista de Estado como un modelo de acumulación (de capital) que podría parcialmente contrarrestar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia invirtiendo en sectores públicos como salud, educación, vivienda, etc., con el afán de que las masas también con el aumento de su salario real pudiesen consumir las mercancías que estaban estancadas en los almacenes (sobre todo después de la Gran Depresión de 1929 que sacudió a toda la economía capitalista y el único que no salió afectado fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en la época marxista-engelsista-leninista-stalinista que inspiró posteriormente a otras experiencias como la Bulgaria dimitrovista y la Albania hoxhaísta que posteriormente enriquecieron el bloque socialista proletario-comunista científico) , para paliar la sobreproducción de bienes, pero el capitalismo no puede evitar esos fenómenos porque se rige bajo una anarquía de la producción que en la etapa imperialista (o del capital financiero) impone las condiciones de los grandes monopolios y la gran industria que con tal de arruinar a la pequeña y mediana empresa incurren en prácticas desleales como el dumping (disminución de precios para desplazar a la competencia y una vez relegada impone sus precios de manera unilateral), la compra por precios raquíticos de microempresas, medianoempresas y empresas nacionales (todo para que el cartel, trust o consorcio domine de manera absoluta la mano de obra barata, las materias primas, los paraísos fiscales y los mercados estratégicos) y el sabotaje de gobiernos o regímenes que no acatan sus designios (hasta que los doblegan por medio de la guerra, las presiones, los chantajes o complots que terminan favoreciendo a un bloque imperialista en detrimento de otros, llámese Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, España, Suiza, Italia, Países Bajos, Rusia, Irán, Turquía, India, China, Corea del Sur, Japón o Australia, principalmente), lo cual no es propio del neoliberalismo que rige al país desde 1982 hasta la actualidad (aunque los obradoristas se empecinen en decir que abolieron el modelo neoliberal cuando resultaron ser continuistas y más neoliberales que sus predecesores).


Bajo ese entendido celebramos no la efeméride desde una lógica folclorista ni sentimentalista, sino que al contrario, asumimos como una victoria por adelantado de que somos la primera organización que emite una crítica abierta y frontal a este acontecimiento histórico porque las organizaciones sociales tradicionales incurren en un nacionalismo retrógrada en lo general, y en lo particular una mexicanidad deplorable, cuando los clásicos (Marx, Engels, Lenin y Stalin) y continuadores (Kalinin, Dzherzhiski, Krupskaya, Makarenko, Vigotsky, Gorky, Kirov, Pieck, Gottwald, Cepicka, Horn, Bierut, Minc, Pauker, Vasile Luca, Dimitrov, Chervenkov, Kolarov, Rakosi, Revai, Jovanovic, Kao Kang, Elena Ódena, Sota, Mara, Hashorva,  Hoxha, Xholi, Kapo, Filo, Karaguni, Ballvora, Fiqret, Hako, etc.) fueron, son y serán firmes en la defensa del internacionalismo proletario como un principio innegociable ante el nacionalismo y chovinismo burgués, imperialista, fascista y colonialista, dónde en el caso de México no cesó con la Independencia de 1810, al contrario, se agudizó por medio de criollos funcionalistas (como Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, Gómez Farías) e indígenas dóciles (igual de escorias que los pronorteamericanos-proeuropeos a los que ya estamos malacostumbrados) como Benito Juárez y Porfirio Díaz (a mediados del siglo XIX y en el siglo XX a los Huerta, Cárdenas del Río mismo y el Peje Lagarto o Cabecita de Algodón).


Por último, pero no menos importante, la única tradición que reivindicamos del auténtico marxismo-leninismo en México son la Sección Mexicana de la III Internacional Comunista o Komintern de 1919, las aportaciones de David Alfaro Siqueiros como un crítico serio del trotskismo y el anarquismo y Sergio Barrios (cuyo verdadero nombre era Agustín García Martínez) que combatió al jruschovismo, el maoísmo, el castroguevarismo y el titoísmo en el país ubicado al sur de Estados Unidos, al norte de Guatemala y Belice, al este del Océano Pacífico y al oeste del Océano Atlántico, aún con todas sus equivocaciones y sus limitaciones porque debemos también incurrir en ese ejercicio autocrítico tanto en el pasado como en el presente y el futuro, donde de manera modesta buscaremos corregir nuestros errores y mejorar nuestros aciertos, algo que nunca podrán hacer los revisionistas y oportunistas sin importar el adjetivo o indumentaria que porten.


Acción Antirrevisionista, a 18 de marzo del 2025.

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