La instauración del neoliberalismo en el Chile pinochetista.



El 11 de septiembre de 1973 se perpetró un Golpe de Estado donde Augusto Pinochet siendo un infiltrado venía operando dicho acontecimiento, bajo el respaldo de Estados Unidos y sus aliados tanto de la OTAN como de la Comunidad Económica Europea (que viene siendo equivalente a lo que actualmente conocemos como la Unión Europea), dentro de este acontecimiento asesinaron a Salvador Allende, que hasta ese entonces era presidente de Chile, lo cual se perpetró junto con una de las violaciones de los derechos humanos más escandalosas de la historia latinoamericana: 28,549 torturados; 2,125 asesinados, 1,102 desaparecidos; 200,000 fueron exiliados.

Este fue el precio que tuvieron que pagar las masas chilenas para que se instaurara el neoliberalismo porque este modelo de acumulación capitalista no pudo imponerse de otro modo que no fuera la violencia sistémica, fascista y proimperialista, es decir, por medio de la Operación Cóndor, cuyo autor intelectual fue Henry Kissinger, secretario de Estado del país norteamericano que hemos señalado en las líneas anteriores.

Los efectos no se hicieron esperar sobre las masas trabajadoras, uno de ellos reside en el hecho de que en 1987 el 45.1% de la población vivía por debajo de la línea de pobreza (el Banco Mundial señala que ser pobre es percibir un ingreso que no supere los 1.90 dólares diarios). La tasa de desempleo se incrementó en 1982 a un 24% (que viene siendo casi 1/4 parte de la población económicamente activa y en edad laborable de 18 años en adelante).

Entre los hombres que más se beneficiaron con el régimen de Pinochet fueron las siguientes: Julio Ponce Lerou (presidente de la empresa Sociedad Química y Minera de Chile y yerno de Pinochet); Anacleto Angelini (dueño de Grupo Angelini, que logró ser el hombre más rico de Chile durante las privatizaciones del periodo pinochetista, cubrió diversos sectores como pesca industrial, la explotación forestal y el sector energético), Carlos Délano y Carlos Eugenio Lavín (los dos banqueros que tuvieron mayor auge en este periodo), Horst Paulmann (dueño de las cadenas de supermercados Jumbo y Cencosud). Por empresa destacan Grupo Matte, Grupo Yarur, Endesa (Empresa Nacional de Electricidad), CTC (Compañía de Teléfonos de Chile, privatizada y adquirida por Telefónica de España), Compañía de Aceros del Pacífico, Industria Azucarera Nacional, Empresa Nacional de Explosivos, Laboratorios Chile, Chilectra Generación, Melipilla, Coquimbo, Quinta Región, Telex Chile, sin olvidar que las privatizaciones no solo beneficiaron a la oligarquía chilena, también a consorcios multinacionales como Banco Santander (que compró Banco de Santiago dicho grupo financiero español) y CODELCO (aunque siguió siendo paraestatal esta empresa productora de cobre, la están desmantelando a cambio de concesiones que favorecen a empresas particulares mineras tanto de Estados Unidos como de Canadá).

El modelo neoliberal se trabajó en la Universidad de Chicago con Von Hayek y Friedman, el cual consiste en privatizar los sectores estratégicos de la economía nacional para beneficio de particulares nacionales al igual que los extranjeros, de este modo arruinan tanto a la pequeña, como mediana y gran empresa nacional, para que se instaure un monopolio cada vez más concentrado en pocas manos, al igual que la riqueza que extraen de la fuerza de trabajo de los obreros y de los fondos públicos que rescatan a todo el sector privado cuando suceden las crisis o recesiones económicas.

Esta situación vuelve más vulnerable al proletariado porque se limitan sus derechos de manifestación, de organización sindical y la posibilidad de mantener contratos colectivos de trabajo, en cambio, la burguesía le impone represión, hostigamiento, amenazas de muerte y despido laboral, desapariciones, asesinatos, bloqueo a los opositores de cualquier oportunidad de trabajo o académica, entre otras políticas nefastas que fueron el pan de cada día en el periodo de Pinochet, y aunque fue insoportable la situación en ese periodo, las manifestaciones, los paros, las huelgas, la inconformidad y otras muestras de descontento no se hicieron esperar, pero fueron sofocadas a sangre y fuego.

En este aspecto bien merece asumir una crítica seria, no solo al periodo de Pinochet, también al de Allende, no porque sean iguales, sino porque Pinochet representó al sector I de la burguesía (empresas que fabrican medios de producción como maquinarias industriales para la exportación), en cambio, Allende representaba al sector II de la burguesía (dueña de empresas que fabrican bienes de consumo para el mercado interno), en ese sentido, Allende tuvo una perspectiva revisionista y bastante semejante al eurocomunismo, donde pensaba que el capitalismo se puede reformar con medidas socialdemócratas y asumiendo un pacifismo que omite la lucha de clases, dicha situación le costó la vida tanto a él como a su coalición de Unidad Popular, por ende, no estamos justificando esta atrocidad, pero tampoco vamos a idealizar el proceso allendista ni al pinochetista, los dos deben someterse a un análisis objetivo, por último, pero no menos importante la China maoísta cerró su embajada en Chile como muestra de su complicidad con el régimen de Pinochet, pero Mao Tse Tung no fue el único que colaboró o guardó silencio, también Brezhnev de la URSS jruschovista, socialimperialista y capitalista-revisionista que dejó a la intemperie a uno de sus subordinados, por su parte la Cuba revisionista, castroguevarista y capitalista-revisionista dio su respaldo a Pinochet, por ende, Fidel Castro traicionó la supuesta lucha antiimperialista, democrática y progresista que tanto decía enarbolar, todos y cada uno de estos desviacionistas también tuvo nexos estrechos y turbios con dictaduras fascistas como la de Videla en Argentina, Franco en España y Mobutu en el Zaire (que también tuvo el respaldo de Ernesto Guevara), Salazar en Portugal, entre otros casos tanto vergonzosos como nefastos.

Si bien a Ernesto Guevara no le tocó el periodo de Allende, merece la pena mencionarse que el “Ché” en su discurso ante la ONU en 1964 señala a la URSS como “líder del bloque socialista”, recordemos que la URSS ya no era socialista, ya era un país capitalista-revisionista y socialimperialista, lo cual demuestra el papel sumiso, colaboracionista, entreguista y pactista hacia el jruschovismo, así como posteriormente con el brezhnevismo. Y un revisionista que se subordina o somete a otros revisionistas sigue siendo revisionista, independientemente de su fraseología, que es todo, menos socialista proletaria-comunista científica o marxista-leninista.

Volviendo al punto de Salvador Allende no aporta nada nuevo en el revisionismo y su futura degeneración al socialdemocratismo-reformismo porque esas fórmulas ya existían desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX con el bernsteinismo-kautskysmo, el browderismo que pactó con los liberales de Estados Unidos y los trotskistas aliados del fascismo que encarnaba Alemania, Italia y Japón (previo a la Segunda Guerra Mundial). En ese sentido el dirigente chileno no asume la dictadura del proletariado, el estallido de la revolución proletaria y la dirección de un partido marxista-leninista, mucho menos la propiedad social de los medios de producción como forma de transición a la sociedad sin clases, sin Estado, con propiedad colectiva de los medios de producción, sin explotación ni opresión.

En cifras, el periodo de Salvador Allende se redujó en un 30% el poder adquisitivo de 1973 en comparación con 1970, 1 de cada 6 personas en edad laborable estaba desempleada y el decrecimiento del PIB fue de un 5.6%, de cada 1000 hijos de trabajadores que entraban a la educación básica, 3 entraban a la educación superior. La Corporación Nacional del Fomento planteaba la fusión de capitales privados y estatales en el sector transportista.

En este sentido, el régimen de Salvador Allende no tenía nada que ver con el socialismo proletario ni el comunismo científico, tampoco era dictadura proletaria, era una dictadura de la burguesía del sector II de la economía que impulsó el capitalismo monopolista de Estado impulsando el mercado interno para estimular el consumo de los proletarios y las masas populares, algo que irritó al sector I de la burguesía que representaba Pinochet, pero no era una pugna de visiones opuestas, sino complementarias que luchan por la supremacía, era una pugna interburguesa que con Allende benefició a capitales europeos y rusos de la URSS brezhnevista-socialimperialista, mientras que con Pinochet se impulsó la producción de medios de producción como maquinarias industriales para la exportación que benefició al imperialismo estadounidense y al socialimperialismo chino.

En conclusión, Salvador Allende era un pacifista burgués (con estilos muy parecidos a Martin Luther King Jr.) y su perspectiva revisionista era tan eclectica que mezclaba la “coexistencia pacífica” jruschovista (para enterrar el socialismo y levantar al capitalismo), la “nueva democracia” maoísta (para reproducir el capital con la docilidad de los obreros), la disolución del partido en los frentes (muy propio de titoístas y castroguevaristas) y el cretinismo parlamentario (propio de kautskystas, eurocomunistas y sus sucesores del revisionismo del siglo XXI), que no cambian la base ni superestructura capitalistas, al contrario, las oxigenan con medidas asistencialistas que desmovilizan a las masas y corporativizan el movimiento obrero, campesino, popular y sindical, y todo para que el fascismo, la dictadura más abierta y descarada del capital financiero se haga del poder con los sectores más reaccionario-retrógradas de la burguesía (tal y como sucedió con Pinochet, más adelante con Piñera y actualmente con Kast, pero los periodos de Bachelet y Borić solo sirvieron como válvulas de escape, no como alternativas de ruptura). 


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